México tiene el privilegio excepcional de estar inmerso de diversos ecosistemas con riquezas únicas conformadas por la flora, la fauna, su cultura, la arqueología, además de ser uno de los principales puntos en el mundo de las migraciones de aves y especies marinas quienes vienen con fines reproductivos y de alimentación.
Explotar un recurso para beneficio de un país puede ser algo muy bueno, si viene implícito el cuidado y mantenimiento que se requieren en las áreas de uso y también, si se tiene la información que respalde una forma prudente de usar esos recursos sin la consecuencia negativa de mermar a la diversidad del entorno.
Un uso desmedido sin el monitoreo y cuidado de la zona geográfica y biológica en cuestión, puede llevar a ocasionar daños irreversibles que no sólo se quedarán marcadas en esa zona, sino que también, dejara secuelas permanentes que perjudicarán a quienes viven y dependen del medio del que se trate y, por supuesto, a quienes dependen secundariamente de estos.
Sabemos por lo que se difunde en los diversos medios: escritos, visuales e internet que, México es un país megadiverso, sin embargo, desconocemos de manera objetiva lo que implica dicha diversidad en contexto, sólo nos limitamos a saber que existen problemas ambientales que se deben de corregir de manera inmediata, pero el no involucrarnos en la resolución de una problemática ocasionara que, lejos de frenarse el problema devastador de la merma de nuestras riquezas, se termine por romper las redes tróficas que son necesarias para mantener en equilibrio cada uno de los ecosistemas tanto de manera individual como en conjunto.
Algunas personas sólo se limitan a cuestionar lo que hacen los demás que conocen más a fondo sobre el tema de la biodiversidad, creemos que esos problemas les toca resolverlo los biólogos o profesionistas a fines. La realidad es que, como anfitriones, es nuestra obligación informarnos para que de manera objetiva podamos tomar las decisiones que mejor convengan a la preservación del medio.
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